viernes, 23 de octubre de 2009

Yo soy Juan...el último aparecido....

"Juan Cambandié que como a tantos otros chicos les robaron su identidad"...

Arg - Juan, fue robado por la dictadura
Sus padres fueron víctimas de la dictadura argentina, y cuando él nació fue raptado y criado por unos padres falsos
(Foto: Víctor Sánchez Rincones)

Karla Casillas>LATINO / Madrid
Juan Cabandié creció en una casa en donde algo le inquietaba profundamente: “no había fotos mías de chiquitito, no había fotos de la supuesta madre embarazada de mí”, dice. Esas imágenes no existían ni en la sala, ni en las habitaciones, ni en los álbumes; y eso fue lo que le llevó a tener una primera sospecha.
Haber nacido en Argentina, un país donde el robo de bebés durante la dictadura militar (1976-1983) fue sistemático, le llevó a pensar que él podía ser uno de esos 500 pequeños que fueron arrancados de los brazos de sus madres para luego entregarlos, en muchos casos, a los mismos oficiales que torturaron y/o desaparecieron a sus verdaderos padres.
“Quizás en Argentina, alguna vez, aquellos que tenemos esta edad nos hemos preguntado por nuestro origen”, dice Juan Cabandié. La duda fue creciendo, y a los 26 años -hoy tiene 29-, él descubrió su verdadera historia.
Hoy Juan se niega a pronunciar el nombre del ‘padre’ con el que vivió sus primeros 26 años de vida. Ese nombre es sinónimo de una gran infamia que le marcó.
“Saber la verdad es la dignidad que significa saber quién sos. Si no la conociera sería muy difícil poder avanzar”, dice Juan Cabandié durante una entrevista con Latino, a su paso por Madrid.
EL NÚMERO 77



El proceso al que Juan Cabandié se tuvo que enfrentar para conocer su origen no fue fácil. Un buen día, Juan fue a la Asociación Abuelas de Mayo. Sabía que ellas tenían un banco genético a través del cual podría comprobar si su ADN correspondía al de alguna familia de desaparecidos.
“Me acerqué a decirles que yo consideraba que era un hijo de desaparecidos, de los que ellas estaban buscando. Me hicieron el análisis y, en mi caso, las pruebas coincidieron con el ADN de mis abuelos, tías y tíos”.
Ese día, el 24 de enero del 2004, Juan se convirtió en un nieto más de las Abuelas de la Plaza de Mayo. “Mi caso es uno más de los 87 nietos a los que las Abuelas han restituido su identidad hasta el momento. Y yo soy el número 77”, dice. Curiosamente, sus padres desaparecieron en el año 77.
“Al momento de enterarme sentí dolor porque te das cuenta de que te mintieron toda la vida. Además, eso fue una obra planificada por genocidas, pero a la vez me sentí contento porque te encontrás con una familia que te estaba buscando hace años”.
DAMIÁN Y ALICIA
Damián Cabandié y Alicia Alfonsín de Cabandié. Esos son los nombres de sus verdaderos padres. Él tenía 19 años y ella 17, y cinco meses de embarazo, cuando fueron secuestrados por los militares. Juan nació en el tristemente célebre centro de tortura llamado Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Él y su madre sólo pudieron estar juntos 20 días. Luego ella fue desaparecida.
El pequeño fue entregado a un agente de la Policía Federal llamado Luis Falco, quien se lo apropió y lo crió haciéndole creer que él era su padre y su esposa, su madre. Lo peor: su apropiador fue parte del engranaje y de la complicidad callada de la dictadura militar que desapareció a 30 mil personas, entre ellos a sus padres biológicos.
Damián y Alicia estuvieron en dos centros clandestinos de detención, “que serían como campos de concentración que estaban en medio de la ciudad, ocultos. Eran como lugares subterráneos”, describe Juan. Estuvieron juntos en un centro que se conocía como Club Atlético y luego fueron trasladados a otro llamado El Banco. Ahí los separaron y a Alicia la llevaron a la ESMA, dónde solían encerrar a las mujeres embarazadas y las torturaban. El matrimonio fue detenido por pertenecer a Los Montoneros, una organización guerrillera que quería acabar con la dictadura. “Los detienen porque pensaban distinto, desarrollaban tareas políticas y tenían un proyecto político que a los militares no les gustaba, pues era un proyecto de país más solidario y más justo”.
El rostro de Juan se endurece cuando habla de sus apropiadores. ¿Cómo era la relación con tu raptor?, se le pregunta. “No, no tengo”. ¿Pero no creciste a su lado? “Sí”. ¿Entonces? “No tengo más relación”. ¿Pero cómo fue en los primeros años? “Mala” ¿Por qué? “Porque él era una persona muy autoritaria. Una persona mala” ¿Había algún tipo de afecto, de él hacia ti o viceversa? “Me parece que no había nada. No había afecto”.
Respecto a quien se decía su madre, Teresa, sólo comenta que ella le ocultó la verdad. “Yo se lo pregunté. Me lo negó dos, tres veces”. Hoy Juan dice no sentir odio hacia ellos, sólo “indiferencia, ellos para mí no existen”.
Su gesto cambia absolutamente cuando habla de su verdadera familia: “mi abuela Muñeca fue una persona que me buscó toda la vida. Fue de las Abuelas de Plaza, y tengo mucha relación con ella y con mi tío Ricardo, hermano de mi papá”.
Ahora Juan sí tiene fotos de sus padres: “me encanta que me cuenten de ellos. Me cuentan los gustos que tenían en la comida, de la actividad política. Hasta las veces que tuvieron alguna pelea o alguna anécdota graciosa. Todo sirve para reconstruirlos, para tenerlos vivos y mantenerlos presentes”.
Juan piensa que en España puede haber hijos de desaparecidos, pues hubo muchos jóvenes que después de la crisis del 2001-2002 se vinieron a vivir acá y ahora tendrán su edad, entre 27 y 31 años.
“La memoria viva es fundamental para el crecimiento de un pueblo”, expone y eso tiene que ver con su visita a Madrid donde se reunió con grupos de derechos humanos. “Voy a ser siempre un luchador, pues la injusticia me duele”.
Juan es hoy maestro de escuela, trabaja en el Ministerio de Desarrollo y es candidato a diputado por Buenos Aires. Además, estudia psicología, quizá para tratar de entender lo atroces que pueden llegar a ser los seres humanos
http://www.latinomadrid.com/noticia.php?id=4834

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